Raíces de Fe, Frutos de Justicia: Un Clamor Colectivo por nuestra Casa Común

Queridas comunidades, colaboradores y hermanos en la misión:

En este Día de la Tierra, nos unimos como un solo cuerpo apostólico para reconocer que nuestra fe se encarna profundamente en la Creación. Partiendo de nuestro Principio y Fundamento, reconocemos que Dios se hace presente en la naturaleza y que todo lo creado nos ha sido entregado para su alabanza y nuestro cuidado. No somos dueños, sino custodios de un don sagrado donde descubrimos el latido del Creador.

1. No podemos callar: La denuncia de una realidad normalizada

Nuestras reflexiones coinciden en una profunda preocupación por la «doble fragilidad»: el dolor de la tierra y el de los más vulnerables.

Denunciamos la «ceguera y sordera» social: Nos preocupa que la degradación ambiental se haya normalizado en nuestra cotidianidad. No podemos ser indiferentes ante la contaminación y el uso indiscriminado de plásticos que «carcomen» nuestros suelos y mares.

Lamentamos la lógica de utilidad y el consumismo: La industrialización desmedida no solo daña el ecosistema, sino que merma la economía familiar y afecta directamente la salud física y la nutrición infantil, especialmente en las familias que acompañamos.

Reconocemos la vulnerabilidad común: El perjuicio de no cuidar la casa común nos afecta a todos; la belleza que contemplamos hoy podría no existir mañana si no actuamos bajo el deseo del Magis y la justicia ambiental.

2. Nuestro compromiso: De las oraciones a las acciones por la Ecología Integral

Entendemos que cuidar la creación es un acto de amor que debe demostrarse más en obras que en palabras. Como instituciones de fe y educación, nos comprometemos a:

Educar como un acto de esperanza: No limitaremos el cuidado ambiental a contenidos curriculares aislados; lo integraremos como una experiencia transversal en la vida institucional, promoviendo vínculos éticos entre las personas y su entorno.

Fomentar la soberanía y el cuidado: Impulsar la implementación de huertos escolares y familiares, programas de reciclaje responsable y la reutilización creativa de materiales académicos y de desecho.

Promover la Economía Solidaria: Fortalecer iniciativas como el Ropero Comunitario y políticas de reducción de consumo para contrarrestar la cultura del descarte.

Proteger lo sagrado: Velar por un trato ético hacia los animales y el respeto por los hábitats, reconociendo el valor intrínseco de cada criatura de Dios.

3. Hacia una respuesta sistemática y colectiva

Hoy hacemos un llamado a una transformación estructural impulsada por la convicción de que el cambio es posible cuando se construye colectivamente:

Responsabilidad Compartida: Interpelamos a la sociedad y a nuestras propias obras a pasar de pequeñas acciones cotidianas a decisiones institucionales valientes.

Justicia Intergeneracional: Actuamos con la conciencia de que las futuras generaciones tienen el derecho de contemplar la belleza de la creación y vivir en un mundo justo, sostenible y humano.

Comunicación y Coherencia: Establecer canales formales para que la ecología integral sea una prioridad estratégica, eliminando el uso de plásticos de un solo uso y optimizando el consumo de energía y agua en todos nuestros centros.

Cuidar la Casa Común es cuidar la vida misma. Que nuestras raíces de fe sigan nutriendo frutos de justicia para que, juntos, sanemos nuestro mundo herido.

 


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