
Tejedora de vida y esperanza comunitaria
Narcisa Mariana Saldarriaga Bermeo (nacida en 1962) creció en Manabí, entre paisajes verdes que aún hoy busca recrear como símbolo de raíz y cuidado. Siendo la mayor de tres hermanos, a los 8 años afrontó la muerte de su padre; desde entonces, junto a su madre Martha Bermeo, aprendió que la protección, la formación y la perseverancia pueden sostener una vida entera. Su camino personal y profesional se ha tejido alrededor de la educación de niñas, niños y jóvenes, y del acompañamiento comunitario con sentido de misión.
Su vinculación con una obra apostólica de la Compañía de Jesús marcó un antes y un después: inició su bachillerato en el colegio Juan Pablo II de Fe y Alegría, en Bramadora, como parte de la primera promoción. Esa experiencia —hecha de docentes que apostaron tiempo, vida y capacidades— fortaleció su vocación de servicio y su mirada de compromiso social desde la educación popular.
Integrante de la Congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Narcisa ha encontrado afinidad entre valores congregacionales como hospitalidad, caridad y transformación social, y los horizontes de justicia, reconciliación, participación, defensa de derechos y cuidado de la casa común.
En su trabajo en la U.E. Esteban Cordero Borrero (Regional Sur de Fe y Alegría), ha impulsado y acompañado proyectos como nutrición infantil, cuidado y protección a madres, panadería, promoción juvenil, emprendimientos artesanales, huertos escolares y procesos de innovación educativa.
En el marco del 08 de marzo, su historia recuerda que la agencia de las mujeres también se expresa en la constancia: convocar alianzas, sostener procesos y abrir oportunidades para que más personas se sientan parte de “educar para la vida”.

