
La educación, un vehículo que no se detiene
María Carlota Castillo Alcívar, mujer chonense, profesional, casada y con una hija de 5 años, llega a Pedernales en Manabí, en febrero de 1999, en busca de trabajo, se enrola en el área administrativa del sector camaronero, base de la economía del cantón.
Agosto de 1999 la “Mancha Blanca” azota, sucumbiendo en una grave crisis económica, quedó desempleada, pero, encuentra en IRFEYAL una oportunidad, como colaboradora voluntaria, impartiendo tutorías a personas adultas con responsabilidad, solidaridad, empatía, lealtad y resiliencia, luego pasó a ser Coordinadora Académica en mayo del 2000, dirigió procesos académicos, fortaleciendo el trabajo en equipo, en febrero del 2002 llegó a ser Coordinadora Administrativa de la extensión 67 Pedernales cargo que desempeña hasta la actualidad.
Allí, descubre su verdadera vocación por la educación, en abril 2000, ingresa al magisterio particular para trabajar con adolescentes y jóvenes, adquiere nuevos conocimientos, mismos que comparte con alegría y entusiasmo a sus estudiantes.
En el 2009 llega como Docente Fiscal, a una comunidad de pescadores, trabaja con adolescentes en la asignatura de Estudios Sociales, afirma que la verdadera educación no está solo en los contenidos científicos sino en el fortalecimiento de los valores morales y espirituales que se inculcan en las aulas, porque la riqueza del ser humano no está en títulos, dinero. sino en el servicio al prójimo.
Vive experiencias que marcan su vida: Terremoto del 16-A, las aulas convertidas en espacios de resiliencia, esperanza, amor y solidaridad. La Pandemia Covid-19 demostró que la educación es un vehículo que no se detiene. La inseguridad y violencia, momentos en que el acompañamiento, la motivación, la innovación, la solidaridad, los valores y la fe inquebrantable en Dios, han sido pilares fundamentales para el desarrollo de la comunidad educativa.
La educación hecha de corazón derriba murallas.

